Estos primeros días han tenido un poco de todo: nervios, curiosidad, alguna mirada que preguntaba “¿y ahora qué?” y muchas ganas de descubrir la nueva etapa. Después de despedirse de Infantil, nuestros alumnos han llegado a Primaria con una noticia importantísima que contar: ¡ya somos de Primero!
El cambio se nota desde que entran por la puerta. Hay nuevas rutinas, nuevos espacios y tantos libros en la mochila que… ¡menudo lío!, ¡cómo pesa! Pero el peso se hace mucho más llevadero cuando dentro del corazón caben tantas ganas de aprender. Porque sí, empezar algo nuevo ilusiona mucho, aunque también dé un poquito de miedo. Y eso está bien, ser valiente no significa no tener miedo, sino atreverse a dar el siguiente paso acompañado.
Sus nuevas seños los esperaban con la misma mezcla de emoción y cariño, con las clases preparadas y muchas ganas de poner nombre a cada sonrisa.
Poco a poco han ido conociendo cómo será el día a día en Primaria: los cuadernos, las tareas, las clases de Inglés, de Matemáticas, de Educación Física y esos pequeños encargos que les hacen sentirse mayores. Mayores, sí; pero todavía con permiso para preguntar cuándo llega el recreo.
La lectura compartida está siendo uno de esos momentos que invitan a parar y disfrutar. Las historias pasan de unas voces a otras, aparecen palabras nuevas y todos descubren que leer juntos también es una forma de cuidarse. A veces alguien se adelanta, otro necesita un poco más de tiempo y siempre hay un compañero dispuesto a esperar. Ahí comienza también la fraternidad: en los gestos pequeños que dicen “estoy contigo” sin necesidad de hacer ruido.
Este curso, el lema nos recuerda que somos hermanos. Y nuestros niños de Primero ya lo están haciendo vida cuando comparten, se ayudan, se esperan o prestan lo que al compañero se le ha quedado en casa. En una clase caben muchas formas de ser y distintos ritmos para aprender, pero todos forman parte de la misma familia. Saber que no caminan solos les da seguridad para probar, equivocarse y volver a intentarlo.
También han visitado la capilla para darle gracias a Jesús por este comienzo. Allí han podido contarle, en silencio, sus ilusiones y esos temores que todavía asoman de vez en cuando. Ha sido un momento sencillo y especial para poner este nuevo camino en sus manos y pedirle que nos ayude a vivir como verdaderos hermanos.
Ya están aprendiendo a moverse por el patio de los mayores, que al principio impresiona un poco.
Cada día, sin embargo, se sienten más seguros: encuentran su sitio, reconocen nuevas caras y descubren que ese patio también puede llenarse de juegos y amigos.
Han cambiado de pasillo, pero siguen compartiendo la misma ilusión. Queda mucho por aprender y habrá días fáciles y otros que pedirán un esfuerzo extra. Sus seños estarán cerca para acompañarlos y celebrar cada avance, incluso esos que parecen pequeños y en realidad son enormes. Estamos muy orgullosos de cómo se están adaptando nuestros alumnos de Primero. Bienvenidos a esta nueva etapa.
Que nunca les falten la curiosidad, la confianza y una mano hermana a la que agarrarse.






