En la tarde del 3 de octubre de 1226 tuvo lugar
“el feliz tránsito de san Francisco de Asís de la vida terrenal a la patria celestial”
y nuestro Colegio ha querido unirse hoy a este octavo centenario para celebrar con toda la familia franciscana este acontecimiento.
Para ello llevamos viviendo unos días de profundización en la figura de nuestro santo. En la entrada, cada mañana al llegar durante esta semana, nos daba la bienvenida la cruz de San Damián a cuyos pies se encontraba el hábito de san Francisco y una Biblia. Luego rezábamos todos, guiados por los mayores, una oración y una reflexión sobre su vida y sus obras. Los más pequeños han vivido estos días ambientando sus clases con dibujos mientras iban descubriendo de sus seños las historias y maravillas del pobrecillo de Asís. Esta semana de preparación ha culminado hoy en una Eucaristía en la que han participado juntos los alumnos desde 3º de Primaria hasta 2º de Bachillerato. Antes de comenzar, un grupo de 6º ha recreado las últimas horas de la vida de San Francisco.
Todo el Colegio, sumergido en una calma absoluta, observaba el traslado de Francisco a la Porciúncula por sus hermanos los frailes, su bendición a Asís y su posterior muerte, a la que también amó como criatura de su cántico.
Tras dormirse en el Señor, el coro ha entonado “A ti te alabo” mientras D. José Luis Pastor, recientemente nombrado vicario de Melilla, hacía la procesión de entrada. ¡Qué momento tan emocionante después de ese silencio solemne!
En la Homilía, nos ha recordado que como san Pablo se tatúa los sentimientos de Cristo, así tenemos que amar a Dios, con todo nuestro corazón, siguiendo el ejemplo de Francisco. Él, nos decía, fue capaz de amar a Cristo y a todas las criaturas. ¿Estamos dispuestos a amar como Francisco desde la humildad? Con los ojos cerrados le hemos pedido este deseo: que nos ayude a ser humildes como Francisco y a llevar a Dios en el corazón.
Por su parte, los más pequeños también han tenido su celebración en la capilla del Colegio. Con el canto “San Francisco es amigo de Jesús” que tanto les gusta, han comenzado a recordar su historia y el momento tan especial en el que escuchó a Cristo decirle: “Ve y repara mi Iglesia”. También ellos, siguiendo el “Hazme instrumento de tu paz” franciscano, le han pedido por la paz del mundo y han dado las gracias por la alegría de vivir. La representación del santo y sus frailes han podido disfrutarla al final de la mañana, expresamente dedicada a ellos.
A las 11:30, los primeros acordes de la canción del objetivo nos convocaban al primer rincón de la convivencia, que se ha desarrollado durante dos horas. Ha sido conmovedor sentir cómo todo el Colegio, unidos como hermanos, a la hora convenida, pendientes de la megafonía, cambiaba de actividad. A los primeros cursos del Colegio les ha gustado mucho el cartel y sus recortables, admirando sobre todo las figuras de los niños más pequeños en los que se veían representados. Se han llevado a casa una pulserita con el cartel en miniatura para poder colgarla de sus mochilas.
En los pisos de arriba se oía la canción una y otra vez y ni el sofocante calor de las aulas ha sido impedimento para bailar, encantados, su coreografía. El encuentro último de oración, con la cruz en un altar hecho con mucho cariño, los ha serenado y en ese recogimiento a la luz de las velas han ofrecido su corazón, lleno de inquietudes y deseos.
Le damos las gracias a Dios por este día tan bonito que nos ha regalado y por el regalo que nos hace cada día al darnos a San Francisco vivo en la figura de nuestras hermanas.
Ojalá este curso, oficialmente inaugurado hoy, seamos capaces de decirle a la Virgen, como lo hizo Francisco,
yo te doy mi vida,
soy tu trovador.
En esta ocasión, la fiesta de San Francisco ha tenido un tinte especial para el grupo de profesores que participamos en el encuentro en Asís con otros compañeros con los que compartimos misión en otros centros de la Congregación. Vivir estos días junto a Francisco de Asís, nos ha hecho volver a pasar por aquellos lugares que visitamos y en los que pudimos ir tras de él y pisar sobre sus huellas, donde cantó ‘Laudato si’ por toda la tierra. Aquella experiencia que ha marcado profundamente nuestras vidas y que nos hace sentir el carisma franciscano más desde dentro, nos hace mirar con corazón agradecido la vida de este santo que cambió el curso de la historia y, sin saberlo, también la nuestra.
Nos emocionamos especialmente al hacer memoria de aquella porcioncilla de tierra -¡la Porciúncula!- a la que Francisco pidió ser llevado por sus hermanos para morir. Hasta allí nos trasladamos con el corazón en fiesta y agradecido por formar parte de esta gran familia.
Y como recordar es volver a pasar por el corazón, os invitamos a visitar esos santos lugares en los que rezamos especialmente por cada uno de vosotros y a participar unidos a nosotros comohermanos, de todo lo celebrado como familia en torno a la figura de san Francisco, desde la sencillez y la alegría franciscana. A todos nuestro deseo de Paz y Bien.






