FIESTA DE CONVIVENCIA EN FAMILIA
El pasado 13 de junio quedará en nuestro colegio como una fecha para recordar por mucho tiempo. Y es que el volver a celebrar la Fiesta de Convivencia de toda la comunidad educativa en el centro escolar era el anhelo de muchos, no sólo porque los padres querían que sus hijos volvieran a sentir lo que ellos vivieron y con tanto cariño y emoción guardan en su recuerdo, sino por la experiencia de vivir una jornada de auténtica familia en un ambiente cercano y acogedor en el que todo tuvo su sitio y su momento.
Sin duda, suponía un gran reto, casi un sueño, devolver esta fiesta al colegio después de más de veinticinco años. Parecía difícil, casi imposible, pero gracias al cariño, dedicación y esfuerzo de muchos padres y profesores, y a la inestimable colaboración del equipo directivo, se hizo realidad. Fue una velada familiar que todos disfrutamos haciendo así del colegio, nuestro colegio, un poquito más parte de nuestro hogar.
Ha sido una tarea ilusionante y muy exigente, pero puesta en manos del Señor todo ha sido más llevadero. Y es que ante las adversidades, poner nuestras vidas bajo la mirada de Jesús es siempre la mejor opción. Pero nada de todo esto habría sido posible sin la entrega generosa y desinteresada de tantos padres y profesores que, con mimo y paciencia, pusieron su tiempo, su creatividad y sus manos al servicio de este sueño común.
Su implicación, silenciosa en muchos casos, fue la verdadera columna vertebral de esta jornada. Desde la organización hasta los pequeños detalles logísticos, cada gesto sumó para que todo fluyera con armonía.
A ello se sumó la colaboración valiosa de distintos colectivos de nuestra ciudad, que no quisieron perder la oportunidad de formar parte de esta fiesta tan especial. Empresas locales, la consejería de Medio Ambiente de la CAM y el ejército aunaron fuerzas con nosotros, demostrando que cuando hay voluntad de colaborar, el bien común se multiplica. Su presencia y apoyo fueron un testimonio claro de que el colegio también forma parte viva del tejido social de la ciudad.
Uno de los momentos más esperados fue, sin duda, la tradicional tómbola, que este año superó todas las expectativas. Con más de 1.200 regalos entregados, gracias a la generosidad de particulares y comercios, la ilusión se desbordó entre pequeños y mayores. Cada premio, grande o pequeño, arrancaba sonrisas y creaba recuerdos imborrables.
La novedad de los distintos puestos de comida también aportó un toque especial y diverso. Desde los típicos platos de jamón y queso o pinchitos a los perritos calientes y minihamburguesas, todo el que se acercó encontró algo que disfrutar. El ambiente que se generó reflejaba el espíritu de comunidad: compartir, conversar y saborear juntos. Y es que la comensalidad no es solo comer juntos, es construir comunión, celebrar la vida y hacer visible el amor de Dios.
Los más pequeños encontraron su rincón de alegría en las numerosas actividades preparadas para ellos. Juegos, competiciones, pintacaras, … todo pensado para que vivieran un día lleno de diversión. Sus risas y carreras daban vida a cada rincón del colegio y contagiaban de energía a todos los presentes.
Uno de los momentos más especiales de la velada fue la actuación musical de la cantante María Mendoza, que deleitó a todos con su voz, su cercanía y su profesionalidad. Su presencia llenó el patio de un ambiente festivo y especial, animando una jornada que difícilmente podremos olvidar.
Las actuaciones de los alumnos pusieron la nota artística y emotiva a la jornada. Con entusiasmo, nervios y mucho talento, subieron al escenario para mostrar lo mejor de sí. Fueron momentos entrañables que reflejaban no sólo su aprendizaje, sino también su crecimiento como personas.
Sin duda, la Fiesta de Convivencia volvió a casa y lo hizo para quedarse, porque cuando una comunidad se une por amor, por ilusión y por fe, lo que parece imposible se convierte en realidad. ¡Gracias a todos los que lo hicieron posible! Y es que no podemos olvidar que “Contigo somos Buen Consejo”.






