Nuestro colegio ha celebrado la III Carrera Solidaria contra el Hambre, una jornada en la que todos nuestros alumnos pusieron lo mejor de sí mismos: su esfuerzo, su ilusión y ese compromiso tan bonito que nace cuando uno quiere ayudar de verdad. Cada vuelta, cada sonrisa y cada pequeño gesto se unieron para colaborar con la ONG Acción Contra el Hambre.
Bajo el lema “Como Él”, inspirado en la figura de San Francisco de Asís, nuestros jóvenes corredores recordaron que incluso las acciones más sencillas pueden transformarse en luz para quienes más lo necesitan. Y hoy, esa idea cobró vida: cientos de pasos convertidos en un mensaje de amor, entrega y solidaridad
El día nos acompañó con un sol radiante y una temperatura perfecta, creando el escenario ideal para disfrutar de la carrera.
Las distancias fueron distintas según la etapa: el alumnado de Primaria recorrió 1.400 metros y el de Secundaria 3.100 metros, cada uno a su ritmo, iniciando el recorrido a las 10:15. Una vez finalizada la actividad, a las 11:15 todos regresaron al colegio.
La carrera fue inaugurada con cariño y cercanía por nuestra directora, sor Ana Pilar, acompañada de Ignacio Suárez en representación del Campo de Golf. Como broche final, la clausura estuvo a cargo de Miguel Ángel Fernández Bonnemaisón, que cerró la jornada agradeciendo la participación y el espíritu vivido.
Contamos además con el apoyo y la generosidad del campo de golf, que cedió varios buggies para que el personal educativo y el equipo de enfermería pudieran supervisar el recorrido con comodidad, cercanía y total atención, velando por la seguridad de todos. También contamos con la presencia de una ambulancia que acompañó toda la jornada, garantizando tranquilidad y asistencia en caso de necesidad.
Al finalizar, los alumnos pudieron reponer fuerzas con fruta fresca y puntos de avituallamiento distribuidos a lo largo del recorrido, donde el agua nunca faltó. Pequeños detalles que hicieron la experiencia todavía más especial.
Ha sido una mañana llena de energía, risas y compañerismo. Los niños no solo corrieron, sino compartieron, animaron, se cuidaron entre ellos y demostraron que la verdadera fuerza está en caminar juntos. Vivimos un ambiente de unión que nos recordó que la solidaridad no se enseña, se contagia.
Una vez más, nuestros alumnos nos dejaron claro que correr también puede ser un acto de esperanza y que, cuando cada uno suma su pequeño gesto, el mundo se vuelve un lugar más humano y más bello.
¡Una carrera donde la alegría, la unión y el corazón fueron nuestra meta más valiosa!






