Con alegría franciscana hemos celebrado, como familia, el paso del Hermano Francisco a la vida eterna. Con la Eucaristía, el abrazo definitivo que ya se inició en la tierra, revive hoy en los muros de nuestro colegio, convertido en pequeña porción sagrada, y nos envía tras las huellas del poverello de Asís, invitándonos a ¨comoél¨, reparar su Iglesia.
Hoy era un día grande para nosotros, desde los más pequeñitos de Infantil que, por primera vez se acercan a la figura del amigo Francisco hasta los mayores de bachillerato que recordarán con especial cariño esta celebración cuando llegue la hora de decir adiós. Hoy ha sido un día grande para todos los que formamos parte de la familia de las Hijas de Madre Carmen que, desde el carisma franciscano, miran a Jesús y a María en la grandeza de sus corazones.
Hoy, fijos los ojos en la tierra, con el corazón puesto en el cielo, hemos hecho nuestras las palabras de Nuestro Padre San Francisco:
¨Loado seas, mi Señor…¨
Loado seas mi Señor, por estos días pasados donde, en oración, hemos ido conociendo la figura de San Francisco de Asís y preparando nuestro corazón para alabar y bendecir a Dios en el VIII Centenario del Cántico de las Criaturas
Loado seas mi Señor, por celebrar esta Eucaristía con el deseo que Tú mismo pones en nuestro corazón ¨ser Evangelio viviente¨.
Loado seas mi Señor, por el tiempo de convivencia donde hemos disfrutado, con verdadera alegría, de cada detalle preparado con cariño e ilusión, donde hemos descubierto que el hermano perfecto está hecho de pedacitos de Ti, de mi, de nosotros…
Loado seas mi Señor, por cada una de las Hermanas y profesores que desde la sencillez y el amor buscan atraer los corazones a tu encuentro.
Loado seas mi Señor, por cada uno de los alumnos que hacen que nuestra labor docente tenga sentido a tus ojos, porque cada uno de ellos está llamado a ¨ser una bendición que explota de alegría¨, y en la que Tú te manifiestas de forma maravillosa.
Hoy ha sido un día en el que el Hermano León escribiría “El Señor os bendiga y os guarde”. Que San Francisco de Asís, Patrón de nuestra ciudad, interceda por nosotros y nos ayude a irradiar y contagiar la alegría de sabernos llamados a seguir sus huellas.






