El Colegio Nuestra Señora del Buen Consejo celebra la Navidad con un belén viviente.
Los días 17 y 18 de diciembre el Colegio Nuestra Señora del Buen Consejo ha transformado sus espacios para transformarlos en lugares de la ciudad de Belén.
El ambiente iba cambiando conforme se avanzaba en la preparación. Detalles, muchos detalles cuidados al milímetro para hacer entrar, tanto a quienes participaron directamente como a quienes vinieron a visitar, en el misterio de la Navidad: un Dios que se hace carne por amor.
Es así. La Navidad nos enternece a todos. Nos remueve por dentro y, sin darnos cuenta, saca lo mejor que llevamos dentro. ¿Quién hay que no se ablande al pasar junto a un bebé y no le haga una carantoña? ¿Quién hay que al escuchar el llanto o la risa de un recién nacido no se interese por él?
En Buen Consejo hemos querido, al más puro estilo franciscano, contemplar al Niño de Belén, ver con nuestros ojos qué pudo suceder hace más de dos mil años en ese pueblecito en el que todos los continuaban con sus quehaceres mientras que el Hijo de Dios nacía en el silencio de la noche.
Belén no sabe bien lo que ocurre. En el ambiente se respira alegría, a pesar de la ocurrencia del emperador. José puso rumbo a Belén, con María, que estaba a punto de dar a luz… Por su parte, Herodes en su castillo aún es ajeno a que el comienzo de la vida de un Rey se aproxima. También sus solados disfrutan el momento.
En otro lugar, los artesanos moldean la arcilla con brío. ¿Qué estarán haciendo para el Niño? Mientras, los herreros golpean con sus martillos, para terminar pronto el trabajo… tienen prisa, parece que algo sucede no lejos de allí. Al otro lado de la calle los panaderos amasan el pan y una vez pasado por el horno… pellizquito a pellizquito se quedan sin nada. ¡Hay que volver a empezar!
¿Qué me cuentas de los fruteros que no hacen más que gritar, para venderlo todo y al Niño ir a adorar? Naranjas, manzanas… y castañas recién hechas que sientan fenomenal.
Junto al río las lavanderas no paran de trabajar, lavan la ropa, la tienden y no dejan de comentar una noticia que corre por toda la ciudad. Los carpinteros recogen encargos de todo tipo de muebles, para tenerlos apunto antes de que acabe el trimestre. Las hilanderas se afanan en vender todas sus telas, para salir al encuentro del Niño que ya llega.
En la sinagoga cercana todos cantan, todos rezan, para que Dios les ilumine y ayude a entender las Letras.
¿Qué se ve allí a los lejos? Las estrellas, los ángeles, las campanas muy cerca del portal. Vaya sitio han elegido. ¡No es casualidad! También los pastores han recibido un anuncio sin igual: «Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra a los hombres paz!»
Acompañados de los pajes reales, llegaron los Reyes. Más de uno se acercó para hablar con ellos y hacerles saber que les esperan pronto en sus casas. ¡¿Qué traerán esta vez?!






