El fin de una etapa, el comienzo de una vida.
GRADUACIÓN 2024-2025
Entre lágrimas, abrazos, fe y gratitud, la promoción 2024-2025 del Colegio Nuestra Señora del Buen Consejo dice “hasta pronto” a su segunda familia.
Hay días que no se olvidan, que se graban en el alma como una fotografía que nunca se borra. El 9 de mayo de 2025 fue uno de esos días para nosotros, los alumnos de esta promoción. Después de toda una vida—desde que teníamos apenas tres años—dijimos adiós al colegio que ha sido nuestro hogar, nuestra familia, nuestro lugar en el mundo.
Comenzamos la jornada donde siempre nos hemos sentido en paz: en la capilla. Allí, celebramos una misa preciosa y profundamente emotiva junto a nuestras familias, profesores de toda la vida y nuestras queridas Hermanas. Fue un momento íntimo, donde cada palabra y lectura resonaba como una despedida y cada canto era una oración por todo lo vivido y lo que vendrá. Recordamos a Madre Carmen, nuestra fundadora, y su legado de amor, verdad, fe, coherencia y entrega. También, hablamos de San Francisco, de quien aprendimos que el buen saludo de un cristiano, y más si es franciscano, siempre será “Paz y Bien” allá por donde vaya a ser instrumento de paz del Señor, y del apóstol Pablo.
El sacerdote nos invitó a no tener miedo citando al Papa Francisco: “No dejéis que os roben la esperanza”, y también, al nuevo Papa, León XIV, con esas palabras que tanto nos han marcado en tan poco tiempo: “El mal no prevalecerá mientras haya bondad, mientras haya jóvenes con corazón”.
Al terminar, mientras nos colgaban la medalla de la Divina Pastora, comprendimos, de verdad, que este colegio nos ha formado como personas, nos ha enseñado a amar, perdonar, confiar y caminar con fe; y para qué vamos a engañarnos, lloramos todos a mares.
Después de esa celebración llena de lágrimas sinceras, nos trasladamos a nuestro multiuso donde nos esperaban nuestras familias, amigos que antes estaban en el mismo cole, profesores, antiguos alumnos adultos ya y hasta compañeros más pequeños. La ponente, Rosa Godino, antigua alumna, nos dedicó unas palabras que nos emocionaron muchísimo, compartió todo lo que aún une su vida al colegio y nos hizo ver que no se deja nunca de ser del Buen Consejo. Cantamos una hermosa canción con ella, dedicada, por supuesto, a nuestros queridos profesores, compañeros y guías en el camino.
Después, habló mi compañera Carla; y es muy difícil expresar con palabras lo que fue ese discurso, pero lo voy a intentar: fue como mirar por un caleidoscopio de recuerdos: la risa en infantil, las carreras por el patio, los pasillos llenos de historias, los viajes como el de Sierra Nevada, donde algunos descubrieron “el arte de caerse con mucho estilo…” Nos hizo reír y llorar. Nos recordó que hemos sido una familia, que aquí nunca ha hecho frío porque siempre hubo amor. Que esta casa nos ha enseñado a cómo vivir con fe. Y que esa Fe no se queda aquí: nos la llevamos en la mochila, junto con todo lo que somos…
Vídeos, fotos de niños, orla, becas, medallas, reconocimientos, canciones, muchas lágrimas y miradas que decían mucho más que cualquier palabra… Con las palabras de nuestra directora titular, la Madre Piedad Ríos, se iba acercando el final de todo. Un discurso sobre la libertad y la coherencia que siempre tendríamos que tener en el recuerdo.
Terminamos cantando una canción que escribimos nosotros mismos. Así cerramos el telón con cariño, con gracia y con el alma completamente llena.
Hoy podemos decir que nos vamos llenos de recuerdos, de valores, de enseñanzas y , sobre todo, de amor. Nos llevamos una fe viva, como nos enseñó la Virgen María y nos transmitieron aquí: una fe que no se queda en rezos, sino que camina con nosotros, que nos hace mejores, más fuertes, más humanos. Y con esta fe viva, también nos llevamos el compromiso de salir al mundo sin miedo, de hacerlo con alegría, esperanza y valentía. Porque como nos dijo el Papa Francisco: “Hagan lío, no tengan miedo de hacer ruido por un mundo más justo”. Y ese lío no es desorden: es el eco del Evangelio, la revolución del amor que Jesús nos enseñó; es hablar con nuestras vidas, con nuestras acciones, con la luz que nos encendió este colegio.
Si algo hemos aprendido entre estas paredes, es que evangelizar no es solo predicar, es contagiar bondad, perdonar, transformar con gestos pequeños y vivir con el corazón encendido. Y esto es lo que vamos a llevar de nuestro cole al mundo: una distinta manera de mirar, de servir, de sentir, de amar…
Aunque ya no pisaremos cada día estos pasillos que fueron y son nuestra segunda casa, sabemos que nunca saldremos del todo de aquí, pues ser del Buen Consejo no es solo una etapa, es una forma de vida.
Gracias a todos los que habéis hecho de este viaje algo tan inmenso. Gracias, colegio. Gracias, vida. Y hasta pronto, familia…






