Llega septiembre y con él el aire nuevo de un comienzo de curso lleno de posibilidades. Después de un verano de descanso, juegos y aventuras, toca volver a la rutina. Pero no se trata de cualquier rutina: es esa que trae consigo amistades, aprendizajes nuevos y momentos que se convertirán en recuerdos inolvidables. Con energías renovadas y con la ilusión de empezar un nuevo curso y de enfrentar nuevos retos el día 1 nos volvíamos a encontrar. Y ya, casi sin querer, empieza la cuenta atrás. Tan solo cinco días para poner el colegio a punto para la llegada de quienes dan sentido a nuestro quehacer: los alumnos.
En estos primeros días toca ‘soñar colegio’. Son días de programar, de plasmar sobre el papel lo que a lo largo de los próximos meses se va a ir haciendo realidad. “¿Y por qué no hacemos…? ¿Y esto otro?” También a contrarreloj se engalana el colegio. Todo espacio posee un carácter educativo. Así lo creemos. No sólo las aulas.
El colegio se convierte, durante muchas horas al día y durante muchos años de nuestra vida, en nuestra casa, un gran espacio de encuentro para todos los que formamos la comunidad educativa. Por eso, cuidamos cada detalle y, como se suele decir, las paredes hablan. Durante este curso, San Francisco de Asís está especialmente presente en cada rincón. COMO ÉL nos proponemos vivir este curso.
La familia franciscana celebra el próximo 3 de octubre el VIII centenario de su dies natalis y en los centros educativos de las Hermanas Franciscanas de los Sagrados Corazones nos unimos a esta gran fiesta, siendo la figura de este gran santo la que centre el objetivo pastoral del curso 2025/2026.
La espiritualidad franciscana marca nuestra forma de ser. Por eso, buscamos tiempos señalados para profundizar en nuestro carisma. Así, todo el profesorado pudimos disfrutar de una mañana de convivencia en torno a la figura de San Francisco. Son momentos que nos ayudan a crecer como familia. Tras la bienvenida, saludos y encuentros de trabajo, también con agendas e ilusiones nuevas como los pequeños, hemos tenido un rato de oración y recogimiento en nuestra capilla, a los pies de Madre Carmen y San Francisco:
Señor, aquí estamos para comenzar un nuevo curso. “Donde haya tristeza, ponga yo alegría” es lo que queremos que esté en nuestros corazones cada mañana al entrar por las puertas del cole. Que cada día seamos capaces de asombrarnos por lo que nos rodea, como hacía él, y que esa sorpresa eterna podamos transmitirla a todos. Que veamos en cada cosa la mano de Dios. Ayúdanos a servir con alegría, a no cansarnos, y si no podemos tirar de nosotros, sé Tú nuestro descanso y nuestra paz…
El día 9 el cole se va llenando de mochilas cargadas de sueños y los pasillos son testigos de risas, reencuentros y nervios. La alegría, valor principal sobre el que vamos a reflexionar este año, está presente en los ojos de todos y esperamos que perdure siempre.
Hemos echado ya a andar. San Francisco, con sus brazos extendidos, va abriendo el camino. Sólo nos queda seguirle. Lo demás, abrazados por él, será fácil.






