Desde el gran amanecer hasta que se pone el sol, yo alabaré en nombre de Dios.
Con este espíritu comenzamos el fin de semana de convivencia del Movimiento Paz y Bien del Buen Consejo, un tiempo de gracia en el que hemos cantado, rezado, compartido y descubierto, una vez más, que la verdadera alegría nace cuando vivimos en fraternidad, al estilo de san Francisco. La convivencia tuvo lugar en El Colladito, en Miraflores de la Sierra, un paraje natural maravilloso que nos regaló silencio, aire puro y paisajes que invitaban a la contemplación.
Rodeados de montañas y naturaleza, encontramos el escenario perfecto para el encuentro con Dios, con los demás y con nosotros mismos. Un amanecer lleno de esperanza. El encuentro comenzó con la luz suave del amanecer, símbolo del comienzo de una experiencia que nos invitaba a abrir el corazón. Desde los primeros momentos se respiraba un ambiente de alegría sencilla: saludos, mochilas cargadas de ilusión y muchas ganas de vivir juntos una experiencia diferente.
Pronto los cantos comenzaron a unir nuestras voces. La música, tan presente durante toda la convivencia, nos ayudó a crear un clima de familia, recordándonos que cuando cantamos juntos también rezamos dos veces. Oración y encuentro: el Cristo de San Damián. Uno de los momentos más significativos fue el trabajo en torno al Cristo de San Damián, ante el que san Francisco escuchó la llamada: “Francisco, repara mi Iglesia”. A través de dinámicas y momentos de silencio, pudimos contemplar su mirada serena y dejarnos interpelar por su mensaje.
Reflexionamos sobre cómo también nosotros estamos llamados a construir, cuidar y reparar nuestro entorno: con gestos de paz, palabras que unan y actitudes que siembren bien.
Muchos compartieron en grupo sus inquietudes, sueños y compromisos, descubriendo que la fe se fortalece cuando se vive en comunidad.
Descubriendo a Santa María de Paz y Bien. Durante la convivencia conocimos más profundamente a Santa María de Paz y Bien, modelo de sencillez, confianza y entrega. Su ejemplo nos ayudó a comprender que la paz comienza en lo cotidiano: en la paciencia, en la escucha y en el servicio a los demás.
A través de juegos, reflexiones y pequeñas dramatizaciones, descubrimos que ser instrumentos de paz es una misión posible para todos, sin importar la edad.
Diversión que une: un circuito multiaventura inolvidable La fraternidad también se construye compartiendo la alegría. El circuito multiaventura fue, sin duda, uno de los momentos más esperados y celebrados. Entre risas, retos y trabajo en equipo, superamos obstáculos, nos animamos unos a otros y aprendimos que juntos llegamos más lejos. Cada prueba se convirtió en una metáfora de la vida: confiar, ayudar, levantarse y seguir adelante.
El eco de las carcajadas y los aplausos llenó el entorno, recordándonos que la alegría compartida es un regalo que nos acerca.
Una gran familia al estilo de san Francisco. A lo largo del fin de semana hemos experimentado que ser fraternidad no es solo estar juntos, sino sentirse parte de una gran familia. En las comidas compartidas, en los momentos de oración, en los juegos y en los silencios, fuimos tejiendo lazos de amistad sincera.
Como san Francisco, hemos aprendido que la verdadera riqueza está en la sencillez, en el cuidado mutuo y en la capacidad de ver al otro como hermano.
Al caer el sol: un corazón agradecido. Cuando el sol comenzó a ponerse, sentimos que algo nuevo había nacido en nosotros. Nos despedimos con abrazos, cantos y la certeza de que este fin de semana no termina aquí, sino que continúa en nuestra vida diaria. Nos llevamos el compromiso de ser paz y bien en nuestras familias, en el colegio y en cada lugar donde estemos.
Damos gracias a Dios por esta convivencia que tanto bien nos ha hecho y por cada persona que la ha hecho posible.
¡Paz y Bien!






